Desmitificación del yoga físico



El hatha yoga o yoga físico es la forma básica de la práctica yóguica, entendida como la realización de asanas o posturas desde la inmovilidad, la permanencia y la atención mental en y durante su ejecución. Por eso, el yoga es “yugo” o “unión” pero con nosotros mismo, con esa parte mental y emocional que subyace en todas nuestras acciones, deseos e impulsos.

Desde aquí, y sólo desde este posicionamiento, es posible entender el yoga físico. Por este motivo es conveniente establecer cuáles son los “mitos” o “idealizaciones” realizadas sobre su práctica que –en no pocas ocasiones- son tan solo el deseo de los propios practicantes por encumbrarse y distinguirse de aquellos que no realizan esta disciplina:

MITO: para su práctica se requiere realizar dieta estricta o, mejor aún, ayunos.
DESMITIFICACIÓN: cierto es que se requiere un adecuado estado de alimentación para permitir que la manifestación corporal no sea la de un proceso incómodo de saturación, de indigestión, de intoxicación… pero, en ningún caso, es requerido un ayuno, una ausencia completa de ingesta de carnes, etc. Será suficiente con la limitación prudente de su consumo, conforme al sentido común propio y consustancial al ser humano. El ayuno, claro está, puede ayudar a modificar los estados psico-fisicos pero no es condición excluyente para que éstos puedan ser alcanzados sin su realización.

MITO: para su práctica se requiere una disposición física especial.
DESMITIFICACIÓN: en este sentido, la flexibilidad es algo que se adquiere con la práctica continuada y nunca más allá de la propia “disposición” corporal natural de cada uno. No se realiza mejor yoga físico porque la pierna sea situada tras la cabeza o porque seamos capaces de abrirlas 180º o porque podamos permanecer en una inversión sobre el cráneo o porque nos mantengamos en equilibrio perfecto sobre las manos… más bien, y en demasiadas ocasiones, esas posiciones corporales –realizadas sin la adecuada atención- no son más que exhibiciones que demuestran una actitud mental poco acertada del ejecutante. La realización de posturas no ha de convertirse en un ejercicio “circense” de máxima dificultad sino que, más bien al contrario, ha de ser simple, asequible, cercano a todos con independencia de las propias condiciones físicas. Sobre todo teniendo en cuenta que el yoga físico ofrece innumerables posibilidades para lograr los beneficios inherentes a él, desde muy diferentes asanas y sus variantes, respetando la predisposición personal o cada uno de los ejecutantes.

MITO: el yogui (practicante masculino) o la yoguini (practicante femenina) se liberan de todo proceso doloroso como resultado de la propia práctica.
DESMITIFICACIÓN: es conveniente conocer la distinción básica entre dolor y sufrimiento. Aquél caracterizado por la sensación displacentera a nivel físico y éste caracterizado por la incorporación a esa sensación de toda una serie de elementos emocionales que “engrandecen” y “enconan” la vivencia de dicho dolor. Digámoslo de otra forma: hecho objetivo tras un golpe, el malestar físico; hecho subjetivo, la elaboración psico-emocional incorporada a ese malestar (¡qué mala suerte!, ¡seguro que me he roto algo!, ¡soy tan patoso!, ¡lo que me faltaba!...). visto desde esta óptica, cabe establecer que el yoga físico –en su práctica continuada en el tiempo- ayuda a controlar de forma muy eficaz los componentes psico-emocionales añadidos al dolor, en definitiva el sufrimiento pero no a aquél; si bien, se aprenderá a sobrellevar de forma más digna, mejorando en cualquier caso la calidad de vida.

MITO: para practicar yoga físico se requiere un cuerpo esbelto y delgado.
DESMITIFICACIÓN: ningún texto clásico establece que el practicante tenga que “estar”, “mostrar” o “permanecer” en alguna forma física concreta. Más aún, dado que el yoga físico busca como fin último el alcanzar la “eliminación de las perturbaciones mentales”, dicha eliminación no requiere en ninguna circunstancia que el practicante sea delgado, alto, inteligente, guapo o elegante. Estos requerimientos son mas bien propios de “tendencias” o “escuelas” que se acercan a esta disciplina milenaria desde la “selección” previa del alumno, estableciendo una distinción entre los practicantes y aquellos que no lo son. Nadie deberá consentir que se le discrimine en la práctica sea cual sea su condición, edad o sexo.

MITO: todo practicante de yoga físico para alcanzar los beneficios prometidos, deberá acercarse o profesar el budismo o corriente filosófica o religiosa afín.
DESMITIFICACIÓN: el yoga físico participa de la búsqueda de la pacificación mental como medio de eliminar las perturbaciones y, a la postre, alcanzar el estado de tranquilidad natural de todo ser humano. Se busca ser “uno” consigo mismo y en este proceso no se requiere pertenecer o profesar religión alguna, ni acatar sistema filosófico “impuesto” como condición previa para alcanzar dicho estado de paz o tranquilidad. Que la persona que desee hacerse budista lo haga y que la que no lo desee no lo haga.

MITO: todo buen practicante de yoga debe acudir a algún ashram o visitar la India, como cuan y origen de esta disciplina.
DESMITIFICACIÓN: es muy adecuado que visitemos la India y sus ashram, en cuanto enriquecimiento personal pero sin ver en ello un fin y sin darle mayor alcance. Se debe y se tiene que aprender a practicar yoga aquí y ahora, sin más requerimientos, sin más exigencias, sin más condicionantes. Hay que tener claro que no se será mejor yogui o yoguini por haber contactado con un ashram y tan poco se será peor por no haberlo hecho. No podemos atentar contra el principio básico del yoga físico que es la integración cuerpo-mente allí donde nos encontremos, en cualquier momento y ante cualquier circunstancia. Hay lugares nobles y personas sabias entorno nuestro: la evolución personal no es algo que pueda ser garantizado con un viaje o con el simple contacto con una escuela o ashram.



En cualquier caso, no desperdiciemos más esfuerzo ni tiempo en otorgar credibilidad a tantos y tantos “mitos yóguicos” que no representan mas que limitaciones autoimpuestas por no pocas escuelas occidentales que establecen inadecuadas barreras (en cuanto inexistentes en la realidad) entre unos y otros.

El yoga físico es una actividad por y para cada uno de nosotros. Establecida como práctica hace milenios para que, mediante el trabajo personal y la aceptación de la responsabilidad de la dirección de nuestras propias vidas, consigamos el deseado estado de tranquilidad y felicidad inherentes al ser humano. En consecuencia, de los beneficios físicos, mentales y emocionales que conlleva su práctica somos merecedores todos: mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, niños….

Desde ahora iniciad la práctica sabiendo que “la única dificultas es creer que es difícil y que la única limitación es creer que somos limitados”.



Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.


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