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EL MILAGRO DEL TACTO
 



Avocados a un entorno hostil y violento, el ser humano está perdiendo la capacidad de relacionarse, de establecer vínculos saludables, de disfrutar del momento en el momento, de permitirse el cuidado más preciado: el placer del tacto.

Sin duda, de todos los sentidos el primero y más importante, el que hasta no hace demasiadas décadas era considerado como un valuarte, el tacto humano, ha representado y debería seguir representando un “camino” para la evolución general. Y la forma mediante la cual ese tacto ha sabido encontrar su expresión más avanzada ha sido su aplicación mediante el masaje, en sus múltiples manifestaciones.

El profesional puede ofrecer incontables posibilidades al paciente que se encuentra necesitado de “recibir” el saber de las manos del masajista para calmar esa molestia, malestar o dolor que está impidiendo que la persona se manifieste plena en su estado natural de salud.

Poco importa, en realidad, la opción por la que nos decantemos a la hora de elegir el tipo de técnica a aplicar: quiromasaje, masaje relajante corporal, reflexología podal o manual, masaje metamórfico,…. Ya que todos representan diversas formas de acercarse a la esencia que conlleva la práctica del masaje: el milagro del tacto.

Cada una de las técnicas seleccionadas hará hincapié en unos u otros aspectos de la disposición corporal:

- El quiromasaje conseguir el alivio de los dolores óseos y musculares que se apreciaran en el paciente, mediante diversas manipulaciones.
- El masaje relajante corporal alcanzar la sedación general mediante la activación del efecto vagotónico del sistema nervioso parasimpático, a través de pases de manos de una forma suave en todo el cuerpo.
- El masaje reflexológico podal el equilibrio corporal general mediante la estimulación de todos los órganos y sistemas, gracias a un elaborado sistema de puntos reflejos en los pies, y el “enlace” de los meridianos.
- El masaje metamórfico mediante la “actualización” de vivencias de la etapa prenatal, para conseguir tomar conciencia de las limitaciones que han representado dichas vivencias en nuestras vidas y, de este modo, modificar nuestras futuras actuaciones.

En todo caso, la búsqueda final del masaje es el bienestar general y la integración de los diversos aspectos psico-emocionales que conforman la vida del paciente. Dado que el ser humano es el resultado de una interacción cuerpo-mente, siempre tamizada dicha relación a través de las emociones, y siendo conscientes de la somatización que nuestro cuerpo realiza cuando esta delicada relación se altera, el masaje representará una ayuda externa en el proceso de re-equilibrio corporal.

No obstante, y parece clara consecuencia de la expuesto, que aquellas técnicas que no incidan tan solo en el aspecto meramente físico del masaje, podrán aportar los elementos suficientes por los que el paciente pueda activar de nuevo sus mecanismos de integración para alcanzar una plenitud que permitirá, a la postre, el “alejamiento” (y desaparición, en el mejor de los casos) de las alteraciones físicas corporales.

El masaje ha de servir no sólo para eliminar el proceso doloroso (la tensión corporal, la lusación, la contractura muscular, etc) sino también para poner sobre aviso al paciente de la/s zona/s de su cuerpo que presenten una mayor disposición a sufrir una alteración. Desde esa puesta en contacto, y siempre dependiendo de la voluntad e intención del propio paciente, se conseguirá el resultado óptimo del masaje. Al alivio externo realizado mediante dicho masaje se unirá la mejora interna aportada por la toma de conciencia del propio paciente en el proceso que ha implicado la aparición de la dolencia o malestar.

Con carácter general, los beneficios que cualquier persona podrá experimentar con las técnicas manuales son:

-Relajar la musculatura
-Sedar el sistema nervioso
-Favorecer la eliminación de toxinas
-Activar la circulación
-Facilitar el drenaje corporal…

A esas “mejoras” físicas, ya de por sí importantes, cabe añadir al aplicar técnicas manuales más integrantes u holísticas (masaje relajante corporal, masaje reflexológico, masaje metamórfico, entre otros) beneficios tales como:

-Incrementar la sensibilidad de los sentidos
-Mejorar el ánimo
-Equilibrar las emociones…

Sea como fuere, el auténtico milagro del masaje se produce por el simple hecho de aplicar las manos sobre el cuerpo del paciente. El tacto ha de volver a tomar, si queremos “recuperar” la esencia perdida, el papel central que en épocas anteriores –con independencia de las culturas en las que pensemos- ha venido representando.

Finalmente, y como colofón de lo hasta ahora dicho, hemos de romper con uno de los tabúes que aún perduran: el masaje es tanto más eficaz cuanto más doloroso. Claro está, y otorgando la eficacia e importancia que el simple tacto tiene, que no se realizará un tratamiento más adecuado si durante la sesión se presenta dolor o incomodidad para el paciente. Más bien al contrario, el practicar un masaje en el que el paciente se sienta “cómodo” y sobre todo “tranquilo” en manos del profesional, permitirá desarrollar unos niveles de “profundización” difíciles de alcanzar de otra manera.

En definitiva, todos podemos y debemos beneficiarnos de las ventajas del masaje olvidándonos de la tendencia a creer que un masaje es un lujo al alcance de pocos. Quizás, y sólo quizás, sea cuestión de modificar nuestras prioridades, para alcanzar los incontables beneficios que promete “el milagro del tacto”.





ENRIQUE RODRIGUEZ MIRON
Director de E.Y.T.A.




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