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LA EMOCIÓN Y EL SENTIMIENTO EN EL YOGA FÍSICO |
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Si bien conocemos los beneficios físicos de la práctica habitual del hatha-yoga, no es menos cierto que el entendimiento de las restantes posibilidades que ofrece han quedado casi siempre relegadas a un segundo plano.
Partiendo de las definiciones de la EMOCION como “el estado particular de un organismo que sobreviene en condiciones muy definidas, acompañada de manifestaciones somáticas y viscerales” y del SENTIMIENTO como “la propia percepción subjetiva de la situación o, dicho de otro modo, la relación de la persona consigo misma en circunstancias particulares (en definitiva, los modos de inserción personal en la existencia)”; cabe establecer la clara utilidad del yoga físico como tamizador de los citados sentimientos y, a la postre, como catalizador de la propia emocionalidad.
No se trata de establecer que el yoga sea la panacea y que su realización lleve al practicante a un control absoluto de su vivencialidad interna en las situaciones diarias de forma inmediata, pero sí a un manejo consciente y voluntario de las reacciones hasta ahora desbocadas e incontroladas. La emoción puede presentarse, al ser un estado particular del organismo, de forma súbita ante la aparición de una vivencia (resulta inevitable, por ejemplo, al ver un accidente que sintamos un “vuelco” en nuestro estómago). Sin embargo, el sentimiento que acompaña a ese estado emocional y que es producto de la acumulación de experiencias y vivencias previas que trastocan, manipulan, alteran y –lo peor- prejuzgan la situación y la reacción ante ella, éste sí puede ser dirigido y encauzado por el practicante de yoga.
Entendámoslo mejor con un ejemplo: vamos a una celebración y a la hora de la comida hacemos el comentario “yo eso no lo puedo tomar porque tengo el estómago muy delicado” y añadimos “HERENCIA DE MIS PADRES”. Hecho objetivo: estómago delicado; hecho subjetivo: la carga añadida a la propia situación (¡ya me podían haber dejado otra “herencia”!, ¡hay que ver que fastidio siempre con esto del estómago!, ¡mira que soy delicado para todo!, etc). Evidentemente esta concepción involuntaria y subjetiva nos limita y nos impide vivir el momento de una forma mucho más natural y alegre: aceptar la posible limitación (también podría verse el motivo de la “dolencia” de estómago, aunque esto será objeto de otro artículo) y simplemente elegir aquellos alimentos que nos sean más adecuados.
Así planteado el tema hay que destacar que las posturas (asanas) que realiza el practicante conllevan una serie de beneficios físicos mecánicos por su propia ejecución (por caso, masaje en el paquete abdominal por compresión del estómago con los muslos, estiramiento de la musculatura de la espalda por la flexión del cuerpo hacia delante…), pero además dichos asanas conllevan un significado y una simbología específica de tipo emocional y sentimental.
Al mantenerse estables en la ejecución de esta disciplina, siguiendo los preceptos propios e inherentes a la definición del hatha, esto es realizar el asana cumpliendo los tres gunas del Samkhya –rajas, tamas, sattvas-, comenzamos a poner bridas a la mente con lo que podemos controlar poco a poco la constante perturbación a la que estamos sometidos. La mente comenzará a acallar y, en consecuencia, irá apareciendo en escena una percepción más nítida y objetiva (ecuanimidad) de todo lo que vivimos. El color del cristal con el que miramos, habitualmente empañado, empezará a estar limpio.
Los sentimientos negativos y destructivos (así como los positivos, por generar apegos y deseo de repetir experiencias que nos reproduzcan el mismo sentimiento –hecho por otro lado imposible: “nunca nos bañamos dos veces en el mismo agua de un río”-) comienzan a ser identificados y, desde ese momento, ya pierden fuerza y su control sobre nosotros. Seguir en este camino representa que, a la larga, seremos capaces de profundizar más en el propio estado vivencial y también aprender a manejarlo para no ser simples marionetas de una emocionalidad desequilibrada y manipulativa.
Para hacernos una idea ligera de la utilización del yoga físico en lo tocante al campo de lo sentimental y lo emocional, observemos la relación de los tipos de flexión con algunos de estos aspectos:
- Flexión anterior: introvesión, recogimiento, aislamiento, separación, individualización… - Flexión posterior: expansión, comunicación, extroversión… - Flexión lateral: apertura, manifestación objetiva –sin máscaras-, hermandad…. - Flexión oblícua: adaptación desde la individualidad, colaboración… - Torsión: relación, reconocimiento del entorno, capacidad de adaptación…
Todas las características citadas tiene, por supuesto, sus aspectos contrarios y sólo la observación minuciosa y delicada de un buen/a profesional del yoga físico permitirá discernir que grupo de posturas o, mejor aún, que combinación de posturas por tipos de flexión deberán ser ejecutados por el practicante en la sesión, para su mejor provecho.
Enrique Rodríguez Mirón Director E.Y.T.A.
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