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LA ESTRUCTURA DE LA SESIÓN DE YOGA
 



La forma de ejecutar la sesión de yoga puede ser enfocada de muy diferentes maneras, siempre que el fondo no se diluya en ella. Dicho fondo o lo que es lo mismo la finalidad del yoga, repetida en innumerables ocasiones –tantas como veces es olvidada y quebrantada-, es la “eliminación de toda perturbación mental”.

También ha sido puesto de manifiesto en multitud de ocasiones que para alcanzar dicha finalidad es necesario cumplir con los tres “aspectos” básicos de la práctica: rajas, tamas y sattvas (hacer, permanecer y atención/conciencia). Que la vulneración de algunos de estos aspectos implica el incumplimiento de la unidad que caracteriza al yoga y, en clara consecuencia, la imposibilidad de alcanzar los beneficios prometidos por esta técnica.

Visto así, y sea como fuere el método que empleemos para realizar la sesión de yoga –con toda independencia de duración o frecuencia en la práctica, la escuela, el centro, el estilo, el maestro, el profesional, el gúru, etc-, parece prudente establecer que los pasos a seguir han de ser los que realmente son.

No se trata de “complicar” la sesión o de “añadir dificultad” a los asanas. Tampoco se trata de iniciar la práctica con movimientos más o menos atléticos o con respiraciones intensas –incluso a veces agotadoras o sofocantes-. Mucho menos se trata de llevar al alumno a extremos de resistencia “virtuosa” con su cuerpo, rayando en el contorsionismo (porque si fuera así, ¿qué podríamos hacer aquellas personas que nos encontramos limitadas por una dolencia física crónica, o simplemente aquellas personas que tengan alguna disminución física, sean gruesos, poco flexibles, mayores, etc?).

Desde estos presupuestos se tiene que entender que la sesión de yoga debe seguir una estructura claramente definida: la tonificación, los asanas, el pranayama y la relajación. Todos y cada uno de estos componentes de dicha estructura cumplen su cometido y, por ello, han de ser escrupulosamente respetados:

- La tonificación o conjunto de movimientos iniciales, se realiza para preparar a los músculos y las articulaciones a los estiramientos y contracciones a los que se verán sometidos con la ejecución de las posturas. Además la tonificación cumplirá el objetivo de permitir al alumno que, a través de la atención en su cuerpo al realizar dichos movimientos y la respiración que ha de llevar acorde a ellos, vaya “centrando” su mente dispersa y excitada por un entorno y una actividad frenética a la que se ve diariamente sometido. En consecuencia la supresión de la tonificación inicial conlleva: dolor en la realización de los asanas, incremento en el riesgo de lesión muscular/articular y dificultad en desarrollar la atención en las posturas. Por supuesto, no es necesario insistir en que este conjunto de movimientos ha de ser progresivo, suave, coordinado y siempre acorde a las “posibilidades” del alumno.

- Los asanas o grupos de posturas ideados como un conjunto de posiciones corporales consiguen, mediante el juego de contracción/estiramiento, un efecto de tonificación/sedación en todas las zonas corporales del practicante. La atención mental durante la permanencia en la postura –inmovilidad en el punto que hayamos alcanzado en el asana-, conseguirá desarrollar de forma paulatina un sosiego mental característico de esta disciplina.

- El pranayama o técnica respiratoria, después de haber preparado al cuerpo (tonificación) y de haberlo masajeado y serenado (grupo de asanas), servirá como elemento “recargante”. Por supuesto, no habrá que obviar además los beneficios específicos e inherentes a cada una de las respiraciones, como elementos que incidirán directamente en el alumno.

- La relajación final ofrecerá un tiempo inestimable para que todo aquello que ha sido “movido” durante la sesión se “recoloque” proporcionando como resultado final el SERENO VIGOR a toda aquella persona que haya tenido interés en realizar la práctica yóguica.
Obviar cualquiera de estos elementos estructurales de la sesión, es alejarse de la concepción clásica del hatha-yoga. Entonces será hablar, será practicar, otra cosa.

Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A.




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