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LA VISIÓN UNITARIA DEL YOGA FÍSICO |
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Al hatha yoga, a lo largo de los tiempos, se ha acudido con la esperanza puesta en alcanzar diferentes estadios: salud física, bienestar general, aquietamiento mental, liberación intelectual…. Para llegar a esos fines, descuidando quizás el aspecto más fundamental que es el entender que el fin real es la propia práctica yóguica, hemos tendido a remarcar en el practicante la idea de realización de los asanas (posturas), de mantenimiento en la inmovilidad y de conciencia en ello.
Hemos establecido un correlato básico en función del principio de somatización: si el cuerpo enferma por una inadecuación o inadaptación de la persona ante las situaciones “corrientes” (por cuanto habituales en el devenir diario del ser humano), podemos trabajar desde el cuerpo para modificar esa inadecuación o incapacidad en la resolución del conflicto.
Desde aquí, la realización de la sesión física es claramente beneficiosa por sí misma, tanto como preventiva de las dolencias futuras como coadyuvante en el tratamiento y corrección de la enfermedad ya manifestada. En esta línea las sesiones de yogaterapia son, sin duda, un arma para el occidental de indiscutible valía. Podemos afrontar de este modo molestias y malestares de toda índole y nivel de gravedad: problemas estomacales, ulceraciones, dispepsias, disfunciones intestinales, dificultades respiratorias (tanto obstructivas como restrictivas), problemas genito-urinarios (pérdidas de orina, útero caído), litiasis renales, ptosis gástrica, mal riego sanguíneo, alteraciones nerviosas, parestesias en las extremidades y un largo etcétera. Pero también cabe afrontar la práctica como una vía para la ayuda de las dolencias de tipo psicológico: estrés, angustia, depresión, ciclotímias, fobias, ansiedad…
En todo caso, siempre resultará necesaria y oportuna la inclusión de una o dos sesiones semanales de hatha en la apretada agenda de todos y cada uno de nosotros. Sin demoras, siendo indiferente cualquier otro elemento concurrente: poco importa que se sea deportista o ama de casa o ejecutivo o estudiante, tengamos salud o la hayamos perdido.
Sin embargo, siendo honestos, poco hemos ahondado en un aspecto que da auténtico sentido a los restantes mencionados: el emocional. Es cierto que el mero hecho de realizar una sesión física de yoga ya comporta notables beneficios visibles con la práctica reiterada (no olvidemos que estamos ante una disciplina y que, como tal, requiere el mantenimiento en el tiempo), pero no es menos cierta la importancia del conocimiento de lo que las posturas conllevan de significado emocional y simbólico para que el profesional que dirige la sesión sea capaz de valorar las necesidades no sólo físicas del practicante y establecer aquella secuencia de asanas que permitan afrontar de forma más determinante y duradera los beneficios prometidos por la práctica.
Hay que entender que una postura, por ejemplo, de flexión anterior proporcionará masaje al paquete abdominal y estirará la musculatura de la espalda y las piernas, pero además ese tipo de flexión induce a un profundo estado de introspección corporal. Por lo tanto, a lo físico podemos unir los beneficios psico-emocionales de la práctica. Dicho de otro modo, el grupo de posturas de flexión anterior -siempre considerado sólo como un ejemplo- serán muy adecuadas para aquellas personas dispersas, distraídas, excesivamente extrovertidas, poco centradas, con poco gusto por asumir responsabilidad…
Expuesto de este modo, cabe concluir que la sesión puede enriquecerse para incrementar los efectos benéficos, si la realizamos desde una óptica amplia sin perder de vista la consideración del ser humano como una entidad unitaria, comprendida desde una visión holística que abarque todos los aspectos del practicante.
Enrique Rodríguez Mirón Director E.Y.T.A.
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