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YOGA FÍSICO - POTENCIADOR DE SALUD
 

YOGA FISICO: POTENCIADOR DE SALUD


Hay que entender que el cuerpo, ante todo, es una entidad global. Un compendio de elementos físicos, psíquicos y espirituales que han de permanecer en equilibrio, en armonía. La pérdida de dicha armonía o, dicho de otro modo, el trastorno del orden equilibrado provocará el estado de enfermedad. Aunque visto a sensu contrario la enfermedad también podría ser considerada como la posibilidad de instaurar el equilibrio perdido (siempre que el paciente trascienda el simple lamento por el malestar que experimenta; cosa que ocurrirá cuando tome conciencia de que uno mismo es el transmutador de un estado a otro: “somos la causa de nuestra dicha y somos la causa de nuestra desgracia”).

No podemos perder de vista que la pérdida de armonía se produce en la conciencia, siendo el cuerpo el mero proyector (pantalla) que refleja el estado modificado en ese plano de información.

Desde este posicionamiento el yoga representa un adecuado camino como potenciador de los estados de salud. Podríamos decir que actúa a modo de catalizador. Centrándonos en la práctica física del yoga, el objetivo de la realización de las asanas (posturas) será el de percibir la realidad de nuestro cuerpo más allá de la valoración condicionada y condicionante de nosotros mismos (siempre subjetiva, parcial y engañosa).

Establezcamos que al acercarnos a la práctica nos encontramos en una disposición personal concreta (alegres, optimistas, cansados, doloridos, apesadumbrados, tristes, estresados, apáticos, deprimidos, ansiosos …..), lo que nos aboca a una predisposición hacia lo que vayamos a experimentar. Así, tras una jornada dura de trabajo y de relaciones difíciles, sintiéndonos abatidos o cansados, la realización de posturas que impliquen apertura al exterior, esfuerzo, incluso tensión, nos parecerá penosa y dura. Sin embargo, con el mantenimiento en el tiempo de la práctica de la sesión iremos consiguiendo de forma progresiva, sin agresión y sin resistencias, acercarnos más a la percepción de la sensación que a la propia sensación en sí misma, alcanzando el consiguiente distanciamiento que nos permita situar en el punto adecuado el valor de dicho malestar, bloqueo o dolencia.

La importancia de este cambio cualitativo es básica: dejaremos de convertirnos en aquello que nos está limitando para convertirnos en espectadores de la propia limitación. Esa “despersonalización” permitirá que, cada vez con menor frecuencia, nos alejemos de nuestro centro y de aquello que en realidad quiera que seamos.

Para entender mejor el concepto, cabe establecer una regla muy simple:

Si el cuerpo es un reflejo de lo psico-emocional
actuando sobre lo psico-emocional modificaremos el cuerpo

Cabe extraer una consecuencia clara: al trabajar sobre los aspectos más sutiles se puede conseguir una modificación sobre la manifestación más burda de la persona (el cuerpo). Al realizar la práctica yóguica con atención y especial incidencia en la observación de las sensaciones (placenteras, displacenteras o neutras), se conseguirá con el paso del tiempo re-orientar la propia disposición corporal (la dolencia, la enfermedad…).

Recordar que el cuerpo no es más que la manifestación iniciada en otro estadio vibracional superior, por lo que el trabajo desde la “dificultad” de la sesión de yoga para alcanzar posturas de un “virtuosismo envidiable (?)”, si no vienen acompañadas de la serenidad de la observación propia de los practicantes que se acercan al yoga desde la humildad y sin necesidad de satisfacción egoica -que no es más que otra trampa mental en el camino de la evolución- serán andanadas en el vacío que poco aportarán para la mejora real y definitiva del yogui o yoguini.

Sin duda que el simple hecho de realizar posturas de yoga provocan una serie de beneficios físicos mecánicos por su propia ejecución (masaje por compresión/estiramiento en las vísceras, tonificación en los músculos y ligamentos…), pero además dichos asanas conllevan un significado y una simbología específica de tipo emocional.
Intentar siquiera intuir esos contenidos “superiores” a la simple ejecución de la postura requiere de la observación de los principios básicos yóguicos:

-ejecución
-mantenimiento en inmovilidad
-atención/contemplación

Sólo desde aquí comenzaremos a poner frenos a la mente desbocada, con lo que podremos comenzar a controlar la constante perturbación a la que estamos sometidos.

Este acallamiento mental, eliminado valoraciones y prejuicios que nos condicionan, desembocará en una capacidad de observación ecuánime de la emocionalidad/sentimentalidad subyacente a cada una de nuestras acciones/reacciones. Comenzaremos a percibirnos con ojos nuevos.

En todo caso, el yoga físico ha de ir más allá de la sesión, ha de trascender las puertas del recinto donde practiquemos, ha de plasmarse en cada uno de nuestros actos, de nuestras palabras, de nuestras ideas, de nuestros quehaceres diarios.

Hay que convertir ese devenir lleno de confusión y vacío, cargado de prejuicios que tan solo sirve para generar dependencias y tensión, en la capacidad de saber observar con plenitud, teniendo ecuanimidad en la palabra y los actos y, por supuesto, todo ello “dentro” de un cuerpo relajado y saludable.

Todo lo demás (virtuosismos contorsionistas, niveles, requerimientos previos de aceptación para la práctica y un largo etcétera) son falsos obstáculos que, a modo de trampa, embaucan a los más inocentes alejándolos de la posibilidad de la vida digna y liberadora que promete el hatha yoga.


Enrique Rodríguez Mirón
Director E.Y.T.A. (Escuela de Yoga y Técnicas Alternativas)




El mal del yoga físico | Yoga posicional (yogaterapia)

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